Opinión

Quienes seguimos en Venezuela tenemos la enorme responsabilidad de dirigir a un pueblo que tiene que defender lo suyo, individual y colectivamente. La vida, la familia, la propiedad y los derechos básicos de la civilización. Con o sin ayuda internacional.
Guaidó, espero no equivocarme, es un fiel discípulo de Séneca, para quien “el que es prudente es feliz, bastando la prudencia para dar felicidad al hombre”.
Tal como estamos en la atrofia generalizada del país y por consiguiente de las regiones; arrastrando penurias, arbitrariedades y corrupción gigantesca de las que son responsables los burócratas y líderes de la revolución bolivariana, pareciera que el único compromiso como venezolanos es la de sobrevivir.
En el poemario La pasión disimulada (2010), de la escritora guayanesa Carmen Rodríguez, se nos propone una visión integral del discurso amoroso en el cual se hace patente la tríada cuerpo-alma-mente en el objeto del deseo.
La prensa es en sí misma un tema vital en las democracias. Aún se discute sobre cuál fue su rol sea en haber aupado o intentado evitar el deslave de la democracia venezolana.
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