Opinión

Los guayaneses cuentan los minutos con convicción, acompañando como lo han hecho permanentemente las propuestas de democratización y el desarrollo de acontecimientos que marque el final de la era revolucionaria que ha depauperado a la región.
Este es mal gobierno al que no le interesa el desarrollo del país ni el bienestar de sus habitantes, así que cualquier contrato, pacto, administración de dineros producto de esas inversiones serán utilizados para su único objetivo, la sobrevivencia de régimen y de sus respectivos pellejos.
Guaidó pertenece a la que se me ha dado por llamar “la generación Guaidó”, emulando a la llamada generación del 18; la de 1918; compuesta, y no por casualidad, por jóvenes luchadores contra la dictadura de Gómez, por lo que creo, firmemente, que a esta generación, especialmente me refiero a la que desde 2007 hasta la fecha, a Guaidó le sucedió lo que frecuentemente acontece a quienes resultan ser icónicos protagonistas históricos en contra de toda tiranía opresiva y represiva, estaban en el momento exacto y en el lugar exacto que las circunstancias le pusieron por delante.
Vamos en la dirección correcta en cuanto al sentir de los venezolanos y sus anhelos pero no debemos confiarnos ni mantenernos solamente en marchas y concentraciones porque debemos recordar que en años anteriores pusimos los mártires para que el gobierno tuviera más tiempo para abusar y arruinar.
Cada vez es más difícil “la marcha atrás”. Hoy en Venezuela hay dos gobiernos. Uno de Juan Guaidó legitimado por la Asamblea Nacional y reconocido por una gran mayoría de naciones legítimamente democráticas. El otro, el de los militares con Nicolás Maduro en la presidencia en la que se ha mantenido mediante elecciones fraudulentas y al que apoyan un grupo de naciones no democráticas.
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