Opinión

Guaidó pertenece a la que se me ha dado por llamar “la generación Guaidó”, emulando a la llamada generación del 18; la de 1918; compuesta, y no por casualidad, por jóvenes luchadores contra la dictadura de Gómez, por lo que creo, firmemente, que a esta generación, especialmente me refiero a la que desde 2007 hasta la fecha, a Guaidó le sucedió lo que frecuentemente acontece a quienes resultan ser icónicos protagonistas históricos en contra de toda tiranía opresiva y represiva, estaban en el momento exacto y en el lugar exacto que las circunstancias le pusieron por delante.
Cada vez es más difícil “la marcha atrás”. Hoy en Venezuela hay dos gobiernos. Uno de Juan Guaidó legitimado por la Asamblea Nacional y reconocido por una gran mayoría de naciones legítimamente democráticas. El otro, el de los militares con Nicolás Maduro en la presidencia en la que se ha mantenido mediante elecciones fraudulentas y al que apoyan un grupo de naciones no democráticas.
Álvarez Paz sostiene que, en Venezuela, el triunfo se alcanzará cuando queden de lado las aspiraciones sectarias personales o de grupo, la ideologización abierta o encubierta orientada por un socialismo decadente o por un comunismo a la cubana que ha llevado a la tragedia actual.
Los fascistas de la primera mitad del siglo pasado, con sus despliegues de música, banderas, estandartes, con sus presentaciones marciales, fueron maestros en la coreografía política y en hacer de los actos políticos grandes espectáculos para entretener a las masas.
Asdrúbal Aguiar destaca que el problema de Venezuela no es ideológico ni político. “Es un drama con solución y con opciones que apelan a la conciencia”, indica.
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