Desde Chilemex, Alta Vista y Unare partieron las marchas que terminaron en la avenida Paseo Caroní.

@MarcosDavidV

“Esto es un río, esto es un mar de gente”. No le faltaba razón a la maestra jubilada María Lezama (el sombrero, la camisa blanca y el pantalón blancos, los labios rojos) cuando hablaba del río: ella era parte del caudal y ahora, a un lado de la avenida Paseo Caroní, lo miraba pasar: cientos (miles, acaso) que, como ella, caminaron desde Unare hasta este punto en Alta Vista por dos razones primordiales: repudiar la dictadura y apoyar el proceso de transición que conduce el diputado Juan Guaidó.

Así, “un río, un mar de gente” fue la concentración guayanesa convocada por Guaidó para este sábado. “Hay más participación que antes, porque había represión, temor. A mi sobrino, por ejemplo, la Guardia lo encerró en un edificio y lo golpeó. Por eso marché ahora sin miedo, y porque estamos como los Picapiedras: en completo retroceso”, explicó.

Como Lezama, muchos marcharon desde la esquina caliente, en Unare. Pero otros lo hicieron desde la redoma de Chilemex. Y otros desde la misma Alta Vista. A diferencia del 23 de enero, no hubo lluvia sino sol permanente. Y al igual que el 23 de enero, a nadie le importó la condición meteorológica: el entusiasmo era estar allí.

“Yo estuve el 23 en la plaza Chipía y hoy vuelvo a la calle por lo mismo por lo que estamos todos aquí: para que esta gente se vaya”, dijo el electricista Alexis Herrera, antes de explicar algunas de las razones por las que cree necesario que “esta gente se vaya”: “Antes la utilidades te rendían para pintar tu casa, comer o remodelar. Este año de broma comiste. Antes tú escuchabas de indigencia cuando se hablaba de alcohol o de drogas. Ahorita cualquiera es indigente. Y lo otro son los zapatos: mírale los pies a cualquiera y ve la calidad de los zapatos que lleva puestos”.

En la concentración final, activistas de la sociedad civil, de los partidos, de los gremios y de las universidades compartieron la tarima: un camión con unas cornetas que, aunque sin mucho alcance, sirvieron para transmitir el mensaje unificado y compartido: que la dictadura debe caer.

La administradora Jailín Zuniaga, desempleada desde hace un mes, también caminó. Dijo que no lamenta su estado laboral: ha sido lo mejor porque ha podido participar en este movimiento que considera definitivo para recuperar “la libertad para el país. El ambiente es totalmente distinto y se han dado pasos muy certeros y firmes. Pienso que este es el momento”.

- ¿Y qué es libertad para usted?

- Salir a la calle sin miedo, tener poder de elección, tener medicamentos si me enfermo, que haya salud, que haya alimentos, que pueda comprar lo que quiera en el supermercado. Que podamos tener calidad de vida.

Su criterio fue compartido y predominante.

 

Fotos William Urdaneta