De lo que el fallecido expresidente planteó a su llegada al poder, gran parte se quedó en discurso. Con la conexión de los sectores más humildes supo mantenerse en el poder, mientras que a la par se agudizó la corrupción, el rentismo petrolero y una crisis profundizada por sus sucesores.

Se cumplen 20 años desde las presidenciales con las que Hugo Chávez llegó al poder, y con él dos décadas de un proyecto socialista del que hoy solo se ve a un país sumergido en una profunda crisis, contribuido también por quienes siguen su legado.

Al asumir formalmente la Presidencia, Chávez propuso una Constituyente para cambiar la Constitución y con ello las instituciones que hasta diciembre de 1999 estuvieron vigentes.

“Chávez necesitaba una Constitución por su oferta principal, y desmontar el sistema institucional que era la principal traba en el poder”, recuerda Benigno Alarcón, politólogo y director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Nícmer Evans, vocero del Movimiento por la Democracia y la inclusión (MDI) y disidente del chavismo, señala que con el proyecto original de Chávez hay una gran frustración.

“La expectativa sobre la cual se veía su gobierno, que convoca a un proceso de transformación del país para superar el problema de la corrupción, el problema del abandono del sentido patrio, la necesidad del fortalecimiento de la sociedad venezolana y la reactivación de la producción, después de 20 años vemos que no solo bastó con el llamado y lo que pasó desde esa convocatoria hasta hoy fue una devastación total que profundizó los problemas de la IV república”, afirmó.

Si bien destaca el liderazgo del expresidente, admite que lo que hoy se vive son las consecuencias de un doble discurso, donde -explicó- “se convocaba a la transformación del país, mientras que en las acciones lo que hubo fue un gran desfalco, una tergiversación de los valores éticos que se profesaban (…) hablaron de un socialismo que hoy en la gente lo que significa es pobreza, haciendo un daño terrible a la izquierda venezolana, latinoamericana y mundial en relación a lo que debe ser la perspectiva de un gobierno de izquierda”.

“En 20 años hemos pasado de la gran convocatoria al desarrollo de una democracia participativa y protagónica, a la impronta autoritaria que devasta cualquier tipo de percepción de izquierda que pueda haberse erigido en la propuesta original que quedó para el recuerdo”, agrega Evans.

Un solo chavismo, muchas oposiciones

Los disidentes al proyecto que planteó Chávez en el comienzo de su gobierno surgieron mucho antes de su muerte en marzo de 2013. Revocatorio, protestas, elecciones, pero se mantuvo en el poder, desvirtuando él mismo la democracia participativa y protagónica que planteó.

Las misiones fueron parte de su base de apoyo con los sectores populares, con quienes se respaldó para enfrentar a sus detractores.

“Hacer despertar a un sector de la población pobre del país, crear conciencia sobre derechos de igualdad es un elemento importante de resaltar, el diseño de las misiones que veías como objetivo pagar esa deuda social, y que se pagó, el asunto es a costa de qué; esa reconducción de la política con los sectores que habían sido abandonados, excluidos, podemos decir que sigue siendo un atributo que difícilmente se le podrá quitar a Chávez, es positivo y que todos los gobiernos deben aprender, la necesidad de tener una conexión con las bases”, asevera Evans.

         

Chávez asumió la Presidencia bajo el discurso de un proceso revolucionario en Venezuela | Fotos archivo Correo del Caroní

“De ahí en adelante pareciera que no hay nada que rescatar, cada vez es más difícil rescatar algo del gobierno de Chávez, se encargó de montar todo ese esquema de conexión con los sectores populares a través de la profundización del rentismo petrolero, de la devastación del sistema productivo del país, y eso condujo que cuando se cae el precio del petróleo nuevamente hayamos caído en la desgracia, que previsiblemente íbamos a caer como fue en el viernes negro”, acota.

Con voces en contra, inició la persecución política con los despidos masivos en Pdvsa a raíz del paro petrolero en 2002 y posteriormente la famosa lista Tascón, en la que aparecieron todos los que participaron en El Firmazo, para pedir su revocatorio. 

Con Chávez y sin él, se han escudado en los procesos electorales para hablar de democracia. Alarcón recuerda que democracia no es igual a elecciones, sino un componente de ella.

“Democratizar depende de la calidad de la relación entre Estado y ciudadano, implica una relación en la cual existe una interacción de una consulta entre el Estado y los ciudadanos, pero protegida por la ley; una consulta igualitaria en la que independientemente de su condición política, posición social y económica tienen igualdad para expresarse. Esa consulta protegida por la ley es vinculante para el Estado, no puede ignorarla”, explica Alarcón.

El director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB sostiene que el gobierno de Chávez -y posteriormente su sucesor- es un régimen híbrido, caracterizado por usar como herramienta principal para mantenerse en el poder el tema electoral.

Ahora, ¿por qué no se ha logrado revertir lo que implicó el gobierno de Chávez? Alarcón señala que hay al menos un 30% de la población que sigue añorando el chavismo y el proyecto de Chávez, y aunque exista más de un 50% de un sector que piense que no era viable y que rechazan lo que fue su gobierno, el tercio de los que añoran el chavismo está mucho más amalgamado que el porcentaje que se opone.

“En Venezuela no hay una oposición, sino muchas oposiciones. Ese lado del chavismo, que aunque sigue pensando en Chávez tienen un cierto nivel de enfrentamiento con Nicolás Maduro, genera ciertas disputas internas pero prefieren tener a alguien del chavismo en el poder que a alguien de la posición”, sostiene Alarcón.

¿Es posible seguir creyendo en socialismo?

Para el disidente del chavismo, Evans, uno de los más grandes retos en Venezuela para quienes son de izquierda es reconstruir la perspectiva de esa visión y que esté despegada de lo que en algún momento asumió Chávez.

“En el mundo, el socialismo nos abre puertas en discusión de geopolítica, construcción de modelos, una sociedad como Noruega se asume como socialista, pero es un sistema nórdico que convive con el libre mercado. Hay posibilidades de que un modelo propio, en mediano plazo recobre la confianza del pueblo venezolano. Eso implica la posibilidad real de que haya un verdadero modelo que ofrezca una idea distinta, aunque es difícil en economías rentistas”.


De la constituyente de Chávez a la de Maduro


La primera acción de Chávez como presidente fue convocar a una Constituyente
         

Chávez empezó con una constituyente para aplicar su modelo de socialismo. A 20 años, Venezuela está otra vez con una constituyente -aunque fraudulenta- con la que los mismos que se asumen como continuadores del legado de Chávez propusieron cambiar la Constitución de su líder. Al menos ese fue el discurso para justificar ese proceso, con el que han aprovechado para hacer y deshacer.

Alarcón observa que en este caso, el objetivo es distinto al de Chávez, ya que el interés se enfoca en tener un poder que haga contrapeso a la Asamblea Nacional.

“Tengo dudas de qué tan importante es una nueva Constitución para el proyecto de Maduro. Pareciera más importante el pleno control del poder que una nueva constitución. El Gobierno ha perdido mayoría política y han ganado elecciones porque la gente se ha negado a participar, es una estrategia que tiene validez por un tiempo, pero habrá un momento en que la gente quiera volver a salir, y entonces pudiera intentar modificar la Constitución para modificar el sistema electoral, por ejemplo”.

“La mayoría del pueblo lo que grita a los cuatro vientos es que se cumplan las leyes, no importa para el venezolano si es una vieja o nueva Constitución, lo que quiere es que retorne el estado de derecho, que se empiece a implementar, porque pareciera que antes y después de Chávez el estado de derecho era solo para los que ostentaban el poder (...) la convocatoria a un nuevo proceso constituyente sería desesperante para el pueblo porque quiere un respeto a la vida y valoración de su trabajo, y para eso no se necesita una nueva Constitución sino un gobierno que haga lo que tenga que hacer”, puntualiza Evans.

Los resultados de lo que significó el gobierno de Chávez, y que se sigue padeciendo con Maduro en el poder, hacen ver más los fracasos que los aciertos, con unas misiones que más allá de saldar deudas sociales, terminaron como instrumento de chantaje político-electoral, una cada vez más arreciada persecución política y una crisis social y económica que ha conllevado a un estado de necesidad, y a una gran diáspora venezolana.

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