Domingo, 13 Septiembre 2015 00:00

El estruendo del accidente de Conviasa resuena cinco años después (+ video)

 
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Este domingo se cumplieron cinco años de la tragedia Este domingo se cumplieron cinco años de la tragedia Foto Archivo

En la mañana del 13 de septiembre de 2010, el vuelo 2350 se estrelló en un patio de Sidor lleno de materiales de desechos; la aeronave modelo ATR-42-320 de Conviasa transportaba 47 pasajeros y cuatro tripulantes. 17 murieron.

     
 

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■ Puerto Ordaz 2350: un tributo independiente a las víctimas de Conviasa

 
     

“Conviasa anuncia su vuelo 2350 con destino a Puerto Ordaz. Pasajeros: abordar por la puerta 4”. El llamado para 47 pasajeros en el aeropuerto Santiago Mariño, en Porlamar, fue el preludio de la mayor tragedia aérea en décadas en Venezuela.

Hace cinco años, el 13 de septiembre de 2010, el ATR-42-320 matrícula YV-1010, volaba desde la isla de Margarita a Puerto Ordaz, cuando aproximadamente a las 10:30 de la mañana, a seis millas náuticas (poco más de 11 kilómetros) del aeropuerto Manuel Carlos Piar, el bimotor, pasó en vuelo rasante por debajo de dos líneas de alta tensión. Segundos después se desplomó en el patio de almacén 10 de la Siderúrgica del Orinoco Alfredo Maneiro (Sidor).

Ella, quien resguarda su identidad en el anonimato, tenía para entonces 26 años. Junto con varias amigas decidió irse a pasar el fin de semana a Margarita. De regreso, dos de las jóvenes no consiguieron boletos en Conviasa, por lo cual el grupo de cuatro muchachas se redujo a la mitad.


Su asiento era el 4D, justo en la ventana. “Era un vuelo normal, niños llorando, algunos leyendo, otros durmiendo. Nunca noté nada extraño”. La reacción ante el desnivel en el vuelo fue de nervios; enseguida, uno de los pasajeros hizo un chiste exclamando: “Si es una montaña rusa, avísanos para alzar las manos”. El comentario transformó la tensión del momento en risas colectivas.

Minutos después un integrante de la tripulación anunció que iban a aterrizar, pero no dio a conocer que sería de manera forzosa o de emergencia. “Nunca me imaginé que no era en el aeropuerto”.

“Sentí el golpe y se escuchó un ruido demasiado fuerte, luego me vi fuera del avión. Mi silla salió disparada y quedé cerca de unos contenedores donde no había fuego, pero me imagino que cuando volé pasé a través de las llamas y allí fue donde me quemé”, narró la sobreviviente.

Ella sufrió quemaduras en más de 50 por ciento del cuerpo. Un mes después del accidente se enteró de que su amiga había fallecido.

Caja negra

En el portal web YouTube se encuentra parte del audio de los últimos minutos del vuelo: allí se escucha el desespero del piloto, Ramiro Cadenas, y de su copiloto, Luis Alvarán.

“Dile que estamos en emergencia y que no vamos a llegar (…) comienza, mayday, mayday, mayday, cayendo…”.

El capitán había informado en su última transmisión que tenía problemas para controlar la nave. Luego de ello, los pilotos planearon el avión hasta un escampado donde intentó aterrizar. “Tenemos una falla de controles”, se escucha en el audio. “Debido a fallas de control vamos a bajar a 1-5-0”.

- “Maiquetía, recibido. ¿Necesita algún tipo de ayuda?”.

- “Vamos a llegar, vamos a llegar. Quítale velocidad, vamos a ponernos donde podamos… ¿Dónde está la pista? ¿Dónde está la pista? ¿Dónde está? ¡coño, Luis, por favor, ¡ayúdame aquí!, con las dos manos, con las dos manos, para acá ¡aquí aquí!, ¡coño ayúdame!, para acá, frena abajo, pon la emergencia, que vamos llegando”.

Ambos hombres hicieron lo posible por salvar el vuelo 2350, en el que murieron 16 personas, incluyéndolos.

Daniela Peniche era una de los cuatro tripulantes que estaba en esa ruta de vuelo. Fue la única sobreviviente de ese grupo. Ella describe el inicio de su jornada laboral como algo cotidiano: “Salimos del Hotel Puerta del Sol Porlamar a eso de las 5:30 de la mañana para realizar nuestro primer vuelo que era a las 6:00 de la mañana a Maturín. Llegamos a Porlamar nuevamente, todo tranquilo bajo nuestra rutina acostumbrada”.

“Ese día, el capitán sí nos había dicho que el avión tenía como una pequeña falla, la cual no era de tanta magnitud como para no hacer nuestro segundo vuelo que era para Puerto Ordaz. Ese vuelo tuvo una particularidad debido a que las personas se cambiaron mucho de asiento entre los mismos familiares”, rememora.

Recuerda que en un tramo del vuelo hubo algo de turbulencia, por lo que le dijo a su compañero Gilbert Parada, “tranquilo, cada vez que viajamos a Puerto Ordaz es así”.

Relata que tras repartir el servicio le dijo a su acompañante de cabina que se quedaran atrás mientras recogían las cosas. “Antes de llegar, el avión subía y bajaba. Como no se nos informó nada, pensé que era algo rutinario”.

“Luego los mandé a sentar porque se estaba haciendo más fuerte (la turbulencia). Al asomarme por la ventana vi que ya estábamos bastante próximos a aterrizar. Yo doy mi discurso de aproximación y revisamos que todos los pasajeros ya llevaran su cinturón abrochado”.

Tras el accidente, se llegó a especular que Peniche se había metido al baño a rezar y llorar. A ello, responde: “Recuerdo que no había desayunado, tenía como el estómago revuelto, así que me dieron unas ganas enormes de vomitar. ¿Cuál es mi mayor sorpresa? Que estando adentro, siento cuando da el primer toque en tierra. Lo primero que pensé fue: ¡Verga! Aterrizamos y yo ni siquiera di el discurso, ni terminé de preparar la cabina”.

Después de varios minutos dentro del baño, la aeromoza perdió el conocimiento y despertó al escuchar que la estaban buscando. “Eran varios gritos. Una persona se me acercó y afirmó: sí está viva”.

Respuestas

William Dugarte, asesor de víctimas de desastres aéreo en Latinoamérica, dio a conocer que de manera privada realizaron una investigación, que fue llevada hasta Estados Unidos, hace poco esa investigación fue avalada por la junta investigadora.

“Uno de los principales problemas que nos encontramos fue que durante el primer año, Conviasa pasó por el cambio de tres presidentes, posteriormente hubo dos más, lo que trajo como consecuencia que la petición de las víctimas se perdiera entre los trámites burocráticos y entre una administración y otra, generando un gran retraso”.

“A finales de 2010 se recibieron los resultados de la caja negra, o Voice Data Recorder (VDR), y del Flight Data Recorder (FDR). Resulta ser que el FDR estaba inactivo desde hacía más de un año, lo que incumple por completo las normas establecidas por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), ya que es de obligatorio funcionamiento para la aeronavegabilidad del avión”.

Dugarte, representante legal de 25 de los 51 pasajeros, admitió que tras varios meses de lucha se logró la “feliz indemnización de cada una de las personas”.

El grupo europeo ATR, fabricante del avión, puso a disposición de la “junta todo su apoyo técnico” para investigar el siniestro. La nave fue ensamblada en 1994 y acumulaba 25 mil horas de vuelo.

Trascendió que el informe final arrojó que el principal motivo de la causa del accidente fue un falló en la lectura de los parámetros de la aeronave por parte de la computadora, “esto generó una lucha entre la máquina y el hombre”

“Otra de las causas que se suma a la cadena de eventos es que dentro del manual del fabricante no estaba la especificación de la falla que presentó el avión. Esta no se había presentado antes y por ello no estaba en el manual, lo cual dificultó aún más a la tripulación aplicar los mecanismos pertinentes”, sumó Dugarte. Y por último la mala gerencia de los recursos de cabina por parte de la tripulación.

Se especificó que “todas las causas son probables, ya que el FDR no estaba en funcionamiento por ello no se puede dar una causa fehaciente de lo sucedido”.

El 17 de septiembre de 2010, Conviasa suspendió temporalmente sus operaciones hasta el 1 de octubre de 2011, con el objetivo de realizar una “amplia auditoría técnica y evaluar los protocolos y procedimientos en uso”

La amplia auditoría no dio los resultados esperados en el tiempo esperado. 17 personas murieron en el accidente. Las otras 34 celebran hoy los cinco años de su renacimiento. 

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